Juan y Víctor Ataucuri: El “fraude” no empezó el 12 de abril

En el complicado escenario de estas elecciones los escritores hermanos Ataucuri, Premio Nacional de Literatura, concluyeron que esto no empezó el domingo pasado.

Los experimentados literatos afirman que el Perú asiste hoy a un espectáculo de sombras donde la palabra «fraude» se lanza como un dardo. Sin embargo, el verdadero engaño no parece residir en las actas o en los errores operativos de la ONPE, sino en el tablero de ajedrez que el Congreso diseñó descaradamente durante los últimos años. Mientras la atención se distrae con el caos logístico y las mesas no instaladas en Lima, el país olvida que las reglas de juego fueron alteradas mucho antes de que se imprimiera la primera cédula.

El «fraude» antes del día D

Hablar de irregularidades que vemos, es hablar de un sistema asfixiado por un Legislativo que ha gobernado por encima de cualquier equilibrio de poderes. El escenario de estas elecciones de 2026 no es un accidente; es el resultado de un diseño institucional. Los Ataucuri agregan que esto pasó por:

  • La captura de las reglas: Se impulsaron reformas que, bajo el discurso de la «representatividad», complicaron el sistema de votación y atomizaron el voto en casi 40 candidaturas. Esta confusión resulta ideal para que las maquinarias partidarias con mayor poder económico —como la de Fuerza Popular— naveguen con ventaja. Al eliminar las primarias reales, permitir la reelección y facilitar la fragmentación partidaria, el sistema garantizó que la desorientación del elector no fuera un error, sino una consecuencia directa de su diseño.
  • La deslegitimación previa: El ataque constante a los organismos electorales desde 2021 no fue una queja aislada, sino una estrategia. Al sembrar dudas sobre el JNE y la ONPE durante años, se pavimentó el camino para que cualquier fallo operativo sea interpretado hoy como una conspiración, socavando la escasa fe pública en el sistema.

Pase quien pase a segunda vuelta, la sombra de la duda ya está enclavada en la mente de la mayoría. Volver a realizar nuevas elecciones nos conduciría a lo mismo si no se cambian las reglas de juego.

En esta línea, ellos coinciden con la postura de figuras con el candidato Belmont, quien ha calificado este escenario como un «fraude jamás visto». Esta apreciación no se refiere al conteo de votos, sino a la manipulación previa de las condiciones de competencia. Dichas reglas dejaron «atados de manos» a los partidos con menos recursos o perseguidos políticamente, como Perú Libre, frente a maquinarias que contaban con el favor de la normativa y el espacio mediático.

¿Cómo se explica la caída de APP y Podemos?

Lo ocurrido con partidos como Alianza para el Progreso y Podemos Perú fue un «suicidio legislativo». Se aliaron con el fujimorismo para diseñar un Congreso más amplio pensando que ellos lo ocuparían, pero no previeron que su ubicación en el espectro político les jugaría en contra. Sus votos migraron hacia partidos de centro como Obras. En otras palabras, es probable que Belmont no le haya quitado votos a la izquierda, sino a Acuña y Luna Gálvez.

La falacia del «gobierno virgen» ¡Cuidado!

Antes de finalizar, los escritores Ataucuri García advierten que en los pasillos del poder y en las redes sociales ha empezado a circular una narrativa tan seductora como cínica: «Hay que dejar que Keiko gobierne para saber si lo hace bien o mal». Este argumento de resignación lo presentan como un acto de justicia democrática o curiosidad empírica, pero ignoran la realidad política de la última década.

«Afirmar que Keiko Fujimori nunca ha gobernado es un insulto a la memoria reciente. Desde 2016, el Perú ha vivido bajo una suerte de gobierno parlamentario tácito. Primero con su mayoría absoluta y luego mediante alianzas de conveniencia, el fujimorismo ha marcado la pauta de la agenda nacional, controlando el destino del país desde el Legislativo». Concluyeron.

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 En el complicado escenario de estas elecciones los escritores hermanos Ataucuri, Premio Nacional de Literatura, concluyeron que esto no empezó el domingo pasado. Los experimentados literatos afirman que el Perú asiste hoy a un espectáculo de sombras donde la palabra «fraude» se lanza como un dardo. Sin embargo, el verdadero engaño no parece residir en
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En el complicado escenario de estas elecciones los escritores hermanos Ataucuri, Premio Nacional de Literatura, concluyeron que esto no empezó el domingo pasado.

Los experimentados literatos afirman que el Perú asiste hoy a un espectáculo de sombras donde la palabra «fraude» se lanza como un dardo. Sin embargo, el verdadero engaño no parece residir en las actas o en los errores operativos de la ONPE, sino en el tablero de ajedrez que el Congreso diseñó descaradamente durante los últimos años. Mientras la atención se distrae con el caos logístico y las mesas no instaladas en Lima, el país olvida que las reglas de juego fueron alteradas mucho antes de que se imprimiera la primera cédula.

Hablar de irregularidades que vemos, es hablar de un sistema asfixiado por un Legislativo que ha gobernado por encima de cualquier equilibrio de poderes. El escenario de estas elecciones de 2026 no es un accidente; es el resultado de un diseño institucional. Los Ataucuri agregan que esto pasó por:

  • La captura de las reglas: Se impulsaron reformas que, bajo el discurso de la «representatividad», complicaron el sistema de votación y atomizaron el voto en casi 40 candidaturas. Esta confusión resulta ideal para que las maquinarias partidarias con mayor poder económico —como la de Fuerza Popular— naveguen con ventaja. Al eliminar las primarias reales, permitir la reelección y facilitar la fragmentación partidaria, el sistema garantizó que la desorientación del elector no fuera un error, sino una consecuencia directa de su diseño.
  • La deslegitimación previa: El ataque constante a los organismos electorales desde 2021 no fue una queja aislada, sino una estrategia. Al sembrar dudas sobre el JNE y la ONPE durante años, se pavimentó el camino para que cualquier fallo operativo sea interpretado hoy como una conspiración, socavando la escasa fe pública en el sistema.

Pase quien pase a segunda vuelta, la sombra de la duda ya está enclavada en la mente de la mayoría. Volver a realizar nuevas elecciones nos conduciría a lo mismo si no se cambian las reglas de juego.

En esta línea, ellos coinciden con la postura de figuras con el candidato Belmont, quien ha calificado este escenario como un «fraude jamás visto». Esta apreciación no se refiere al conteo de votos, sino a la manipulación previa de las condiciones de competencia. Dichas reglas dejaron «atados de manos» a los partidos con menos recursos o perseguidos políticamente, como Perú Libre, frente a maquinarias que contaban con el favor de la normativa y el espacio mediático.

Lo ocurrido con partidos como Alianza para el Progreso y Podemos Perú fue un «suicidio legislativo». Se aliaron con el fujimorismo para diseñar un Congreso más amplio pensando que ellos lo ocuparían, pero no previeron que su ubicación en el espectro político les jugaría en contra. Sus votos migraron hacia partidos de centro como Obras. En otras palabras, es probable que Belmont no le haya quitado votos a la izquierda, sino a Acuña y Luna Gálvez.

Antes de finalizar, los escritores Ataucuri García advierten que en los pasillos del poder y en las redes sociales ha empezado a circular una narrativa tan seductora como cínica: «Hay que dejar que Keiko gobierne para saber si lo hace bien o mal». Este argumento de resignación lo presentan como un acto de justicia democrática o curiosidad empírica, pero ignoran la realidad política de la última década.

«Afirmar que Keiko Fujimori nunca ha gobernado es un insulto a la memoria reciente. Desde 2016, el Perú ha vivido bajo una suerte de gobierno parlamentario tácito. Primero con su mayoría absoluta y luego mediante alianzas de conveniencia, el fujimorismo ha marcado la pauta de la agenda nacional, controlando el destino del país desde el Legislativo». Concluyeron.

 CULTURA archivos – Diario UNO

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